Muchas veces asumimos que el llanto de un bebé de pocos meses solo significa una cosa: hambre. Pero si acaba de tomar su mamadera completa y sigue irritable, darle más leche por la fuerza o esperar que "se le pase solo" no siempre es la solución. A los 3 o 4 meses, los bebés usan el llanto para comunicar muchas más cosas. Si la mamadera ya está dada, hay que chequear otros aspectos. Algunos parecen ridículos y otros arrojan verdaderos salvavidas a la situación.

- Incomodidad física: Fijarse en lo que tiene puesto es clave. Una etiqueta de la ropa podría generarle una picazón y ser el motivo del llanto. También el pañal mojado o que esté demasiado ajustado pueden ser motivo de las lágrimas. Chequear la temperatura en su nuca o pecho (las manos y pies fríos son normales) y revisar la ropa.

- Necesita eructar (Gases o aire atrapado): Al tomar de la mamadera, es muy común que tragan más aire que con el pecho. Ese aire en el estómago les genera presión y dolor punzante. Para ello son las palmaditas en la espalda o hacer suaves movimientos de bicicleta con sus piernas.

- Sobreestimulación y cansancio acumulado: Especialmente en el atardecer (la famosa "hora bruja" entre las 18 y las 22), el sistema nervioso del bebé está agotado de procesar todo el día y no logran conciliar el sueño solos. Una estrategia para frenar el llanto es bajar las luces de la casa, apagar la tele, poner ruido blanco o música suave y balancearlo en un ambiente tranquilo.

- Necesidad de contacto y succión afectiva: La succión libera endorfinas y calma su sistema nervioso. A veces no llora por hambre de leche, sino por "hambre de apego" y contención. El contacto piel con piel o el uso del chupete (si ya lo usa) lo ayudan a autorregularse.

¿Hace falta dejarlo llorar porque "no es la hora"?

La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Americana de Pediatría (AAP) y la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) es unánime: la alimentación en el primer año de vida debe ser siempre a demanda. Ponerle un reloj rígido para su alimentación va en contra de todas las recomendaciones actuales. Esto aplica tanto si toma leche materna como si toma fórmula infantil en mamadera.

Los bebés nacen con un mecanismo impecable de autorregulación. Forzar un horario estricto puede interrumpir esa capacidad natural y causar frustración o ansiedad. Si el bebé tiene hambre y se le niega el alimento para cumplir un horario, pasa por una situación de estrés evitable.